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Hoy se cumplen 150 años de la partida de San Juan María Vianney, a la casa del Padre Eterno.
Un hombre entregado al servicio a sus hermanos del pequeño pueblo francés de Ars. Sus dotes de confesor incansable le ganaron el aprecio de muchos. El Santo Cura tenía dones extraordinarios
que obraba a diario por medio de la acción del Espíritu Santo.
En especial tenía un repudio increíble hacia el pecado y podía reconocer a los grandes pecadores sin siquiera haberlos escuchado en confesión.
A pesar de la cantidad de horas dedicadas plenamente al servicio de las almas necesitadas de Ars, al Cura se le oyó pocas veces quejarse. Una de esas veces ocurrió durante su agonía mientras una procesión le traía a Jesús en su presencia eucarística, exclamó: “Oh, que triste es recibir la Comunión por última vez”.
San Juan María Vianney fue canonizado el 31 de mayo de 1925 por el Papa Pío XI, tres años después, en 1928, lo nombró Patrono de los Párrocos.
El pasado 19 de junio, Su Santidad, Benedicto XVI decretó un año jubilar dedicado especialmente a los sacerdotes. Precisamente hoy, el Santo Cura de Ars, ha sido nombrado como Patrón de los Sacerdotes, extendiendo su patronazgo a todos los que ejercen la misión de sacerdotes, sin importar si son párrocos o no.
Es por eso, deber de todo laico que profese la fe Universal, elevar una plegaria al cielo por la santificación de las almas de los santos sacerdotes de nuestra Iglesia, para que nos guíen como el Buen Pastor lo hizo y siguiendo sus pasos fielmente.
Es importante recalcar también que en el mundo hay una gran falta de sacerdotes. Por eso en el momento de oración que se considere oportuno se debería de orar por las vocaciones sacerdotales y por aquellos que sienten el llamado de Dios a entregarse completamente a Él.
Esto con el fin de que puedan discernir lo que Dios quiere de ellos y les dé fortaleza para atreverse, siguiendo el ejemplo de la Santísima Virgen, a decir que sí y seguir a Jesús hasta el pie de la cruz y al pie del sepulcro vacío.
Bendito sea Dios en San Juan María Vianney Patrono de los Sacerdotes.
¡Oh Jesus pastor eterno de las almas! Danos muchos y santos sacerdotes.
| Oración por las vocaciones (SS. Benedicto XVI) |
Oración por los sacerdotes (SS. Pablo VI) |
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Padre, haz que surjan entre los cristianos numerosas y santas vocaciones al sacerdocio, que mantengan viva la fe y conserven la grata memoria de tu Hijo Jesús Mediante la predicación de su palabra y la administración de los sacramentos con los que renuevas continuamente a tus ieles. Danos santos ministros del altar, que sean solícitos y fervorosos custodios de la Eucaristía, sacramento del don supremo de Cristo para la redención del mundo. Llama a ministros de tu misericordia que, mediante el sacramento de la reconciliación, Fortalece a los obispos, sacerdotes, diáconos, a los consagrados y a todos los bautizados en Cristo para que cumplan fielmente su misión al servicio del evangelio. Amén. |
Ven, oh Espíritu Santo, y da a los sacerdotes, dispensadores de los misterios de Dios, un corazón nuevo que actualice toda su educación y toda su preparación, que les haga conscientes cual sorprendente revelación del sacramento recibido, y que responda siempre con nueva ilusión a los incesantes deberes de su ministerio, en orden a tu Cuerpo Eucarístico y a tu Cuerpo Místico. Dales un corazón nuevo, siempre joven y alegre.
Ven, oh Espíritu Santo, y da a nuestros sacerdotes, discípulos Ven, oh Espíritu Santo, y da a los ministros del pueblo de Dios un corazón grande, abierto a tu silenciosa y potente Palabra inspiradora; cerrado a toda ambición mezquina, a toda miserable apetencia humana; impregnado totalmente del sentido de la Santa Iglesia; un corazón grande, deseoso únicamente de igualarse al del Señor Jesús, y capaz de contener dentro de si las proporciones de la Iglesia, las dimensiones del mundo; grande y fuerte para amar a todos, para servir a todos, para sufrir por todos; grande y fuerte para superar cualquier tentación, dificultad, hastío, cansancio, desilusión, ofensa; un corazón grande, fuerte, constante, si es necesario hasta el sacrificio, feliz solamente de palpitar con el Corazón de Cristo y de cumplir con humildad, fidelidad y valentía la voluntad divina. Amén. |


como son las vestiduras de un padre
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